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CD Mirandés 1 - 2 Girona FC

Derrota rojilla en Anduva.

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10/11/2013 08:53

El Club Deportivo Mirandés no pudo lograr la victoria y cayó por un gol a dos frente al Girona FC en el encuentro disputado esta tarde en Anduva. El equipo catalán forjó el triunfo en una primera parte efectiva y de control, en la que los goles de Eloi y Felipe bastaron para hacerse con el dominio del partido. En el segundo acto, un Mirandés más atrevido e intenso, a punto estuvo de voltear el marcador, y acercó posiciones gracias a un gol de César Caneda que hacía creer en la remontada. Faltó tiempo para conseguir una igualada que, por lo visto sobre el terreno de juego en el tramo final, hubiera hecho honor al trabajo e ímpetu mostrado por el equipo rojillo.

El encuentro arrancó con mejores sensaciones para el equipo visitante. Un Girona adaptado a las condiciones del rival, muy diferente en esquema a lo esperable por su recorrido hasta el momento, saltó al césped de Anduva con la premisa clara de cerrar las opciones de juego rival y mantener el orden en espera del error. Así quedó a las claras cuando, poco después del pitido inicial, un activísimo Felipe Sanchón ganaba la partida a Caneda en una mala cesión sobre Dani, y a punto estaba de inaugurar el marcador de no ser por el meta. Mucha presión sobre la salida de balón y líneas comprimidas para evitar la circulación y aprovechar el rápido despliegue tras robo, eran las armas principales del equipo de Ricardo Rodríguez en este inicio de partido. El Mirandés, menos claro en la concatenación de movimientos de lo que cabría esperar, buscaba rápido la incorporación de sus hombres de ataque entre el muro de rivales bien construido sobre la divisoria.

No se había cumplido el primer cuarto de hora cuando un error de entendimiento en la zaga local, provocaba la falta de Malón sobre Felipe en la frontal del área. Eloi al lanzamiento, y golazo por toda la escuadra sin discusión posible. Disparo milimétrico, tenso, e imposible para un Jiménez que apenas tuvo opción de acercarse al obús que agujereó su portería. El gol venía a premiar a un Girona que gozaba del control del esférico y que, en su ausencia, obligaba al Mirandés a jugar más horizontal que de costumbre, habida cuenta del buen trabajo de cierre de espacios realizado. En el lado rojillo, Juan Muñiz se erigía como catalizador de las acometidas ofensivas, bien a través de conducciones interiores, bien en desplazamientos a la incorporación lateral de sus compañeros de banda. Por su parte, Pablo y De Cerio intentaban desatascar con ayudas en la construcción, sumando efectivos para superar la línea de presión principal que obligaba al cuadro local a frenar sus salidas. Pasada la mitad de primera parte, un buen envío de Muñiz a la espalda del lateral permitió a Mújika engatillar una volea que obligaba a Becerra a su primera intervención del duelo. El Mirandés lo intentaba, pero a renglón seguido contestaba el rival con dos ocasiones de Juanlu y Felipe que, haciendo gala de su velocidad en el uno contra uno, volvían a acercar el nerviosismo a la grada.

Con el juego interior sin pertenencia definida, el equipo local buscaba en transiciones rápidas acercar el escenario del empate al duelo. Un balón largo de Caneda sobre De Cerio permitía al punta colocar un centro peligroso al corazón del área, que concluía en un potente remate de Iván Agustín, abortado in extremis por la defensa gerundense. Acometidas intermitentes que contrastaban con la persistencia de un rival que volvía a avisar de su poder. Sería Felipe Sanchón, a la postre el mejor del partido, quien probara de nuevo a Jiménez con un disparo envenenado, tras tocar en Gaspar, al que el meta lebrijano respondía con rápidos reflejos bajo palos. Pero si en esta ocasión el desenlace fue feliz, muy diferente iba a ser en la siguiente. De nuevo, Felipe, tras controlar un balón en la frontal del área grande, perfilaba un trallazo imposible, ajustado al poste derecho del marco rojillo, con el que conseguía la doble ventaja.  El rival aumentaba su casillero y mantenía el discurso futbolístico de trabajo y presión, y aprovechamiento de las imprecisiones en circulación del equipo de Arconada para hacer daño con velocísimas contras. Los últimos minutos trajeron una ligera recuperación de sensaciones por parte del bando local que, sin embargo, tan sólo acercaron peligro en un disparo de De Cerio que se marchaba desviado por alto.

El descanso renovó espíritu y cuerpo en el Club Deportivo Mirandés, y nada más iniciarse la segunda mitad, Pablo rozaba el gol con un disparo colocado al que respondía con espectacular estirada Isaac Becerra. Ritmo alto el que imponían los locales, y al que respondían con descaro los gerundenses a través de Felipe, con otro tiro que probaba el gran momento de Jiménez. Eran los mejores instantes de un Mirandés más rápido, invasor de terreno enemigo con superioridad en las subidas por ambas bandas, y vertical en sus apoyos y desmarques como hasta el momento no lo había sido. Las llegadas se sucedían y De Cerio estrellaba un balón en el larguero con el que el estadio a punto estuvo de venirse abajo. Se buscaba la superioridad técnica en conducción, y la combinación ágil para buscar el espacio entre centrales sobre la adelantada defensa rojiblanca. Pablo, muy activo en esta misión, supuso la punta de lanza de un arranque esperanzador para los locales.

Gonzalo Arconada apostaba fuerte por la remontada, y daba entrada a Igor y Docal para fortalecer el apartado de desborde y velocidad por ambos costados. El equipo asumía un atrevido esquema con tres defensas en salida, cuatro hombres en divisoria (con dos interiores altos a los lados), y un tridente de ataque que se situaba sobre el corazón de la salida por abajo del equipo catalán. Propuesta de empuje y de fuerza que Anduva supo reconocer con una atmósfera de remontada propia de las noches importantes, en una comunión acorde con la casta que el equipo dejaba en cada acción.  Un buen centro de Malón llegaba a dominios de Íñigo Díaz De Cerio, quien, al primer toque, enganchaba una media tijera con pierna derecha que salía rozando el larguero para desesperación del donostiarra. Parecía que la fortuna había olvidado al Mirandés esta noche.

El paso de los minutos no apaciguó el espíritu de remontada de los locales que, por fin, sobre el ecuador de la segunda mitad, conseguían el primer tanto del partido. Buen envío botado por Pablo Infante desde la izquierda para que César Caneda peinara con sutileza el balón, alojando el cuero en las mallas rivales, logrando el tan ansiado premio. No había tiempo que perder, Mújika dejaba su sitio a Iriome, y el canario revolucionaba la escena aportando profundidad y potencia en la solución exterior. El cuadro de Anduva rearmaba sus opciones con los binomios Ríos-Docal por la izquierda, y Malón-Iriome en la diestra, obligando al Girona a retrasar aún más sus líneas, defendiendo muy cerca de meta propia y sufriendo el acoso constante de un rival que volcó sus esperanzas en un juego directo, por tierra y aire, con el que trató de romper la afanada defensa contraria.

A pesar de toda la iniciativa asumida, de las mejores llegadas, de un rival acorazado en campo propio, y de una última tentativa de Igor Martínez en acrobático remate de chilena, el marcador ya no volvería a moverse. La reacción, aunque buena, no tuvo suficiente espacio de desarrollo y murió sin poder cumplir su cometido. El Mirandés caía derrotado, y aunque con sensaciones de mejora importantes al final, dolido por unos puntos que se escapaban de Anduva. Toca seguir, cabeza alta, y fijar el siguiente objetivo en el feudo de una Unión Deportiva Las Palmas que supone el siguiente escalón en una carrera apenas comenzada.