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CD Mirandés 2 - 1 Real Madrid Castilla

Importante victoria rojilla en un partido muy disputado.

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09/02/2014 09:20

El Club Deportivo Mirandés logró una importantísima victoria ante un rival directo en la pelea por escapar de los puestos de descenso. En un partido muy igualado ante un Real Madrid Castilla de alto nivel, los jugadores rojillos entregaron todo en busca de la victoria final. Pese a que los blancos se adelantaban ya comenzado el segundo tiempo, con un gol obra de De Tomás, los rojillos no perdían la cara al partido y rápidamente lograban la igualada gracias a Iñigo Díaz de Cerio. Con el encuentro ya finalizando, Pablo Infante conseguía un auténtico golazo de falta directa, y tres puntos de oro para comenzar una nueva dinámica positiva.

El encuentro daba comienzo con mucha intensidad por parte de los dos conjuntos. Un Castilla activo, veloz, afanado en buscar la apertura del campo en su máxima expresión, exhibía desde el comienzo un juego atrevido y muy vertical. Enfrente, un Mirandés remozado, con varias novedades en el once, y la inclusión de Mújika, De Cerio y Pablo en punta de ataque, como armas más peligrosas. Tomaría la iniciativa en primer lugar el equipo de casa, convencido de sus opciones y con clara intención de dedicar a su afición un triunfo redentor tras la derrota ante el Real Zaragoza.

Avisaba Infante con una jugada de calidad por banda derecha que por poco lograba finiquitar Muneta tras la carrera del extremo. El 14 rojillo iba a erigirse en el hombre más peligroso, más dinámico de la avanzada; eso si, acompañado en nivel y calidad por una zaga excelsa en la marca y la salida, y un centro del campo equilibrado en dobles labores de contención y arranque de jugada. Los primeros minutos de dominio obligaron al Real Madrid a situarse como parte pasiva de la contienda, pese a sus intenciones iniciales, el equipo cerraba posiciones y buscaba en largo a De Tomás y Jaime como avanzados, muy lejos del centro de creación.

El Mirandés amenazaba en combinaciones rápidas y desborde en carrera. Fuerte en el uno contra uno y las ayudas, ambas bandas creaban peligro a espalda de laterales, obligando al eje de la zaga a emplearse al máximo para evitar el aprovechamiento de los puntas. También a balón parado el equipo de Carlos Terrazas acercaba el tanto, con Infante al lanzamiento, primero Caneda, y luego Mújika, gozaron de buenas ocasiones para el remate. Pese a los buenos minutos, el Castilla iba creciendo a medida que observaba como su resistencia impedía el tanto en contra, y comenzaría a probar la eficacia defensiva rival en propia área. Muneta sacaba bajo palos un remate en boca de gol, y a renglón seguido, Aguza soltaba un zapatazo que salía lamiendo el poste de Prieto por centímetros. Los blancos se sentían cómodos, ya no estaban atrapados en su terreno, y poco a poco abrían espacios entre líneas gracias a la calida de sus hombres más creativos.

Con la primera mitad ya avanzada, el Mirandés iba a gozar de su ocasión más clara, un balón largo sobre la carrera de Díaz de Cerio que el punta, en avance libre, no iba a conseguir aprovechar gracias a la anticipación de Derik, que impedía el remate a gol en pleno disparo. Ocasión de quilates que iba a responder en el bando rival Aguza, con un nuevo disparo que esta vez iba a atajar Prieto con seguridad por bajo. Con mayor protagonismo en ataque por parte rojilla, y un disparo de Infante desde la frontal del área que rozaba la escuadra derecha de Pacheco, se llegaba al final de los primeros cuarenta y cinco minutos, plenos de intensidad y rapidez.

Pese a las buenas sensaciones, la reanudación no iba a traer buenas noticias para el cuadro local. Un gran centro de Lucas desde la derecha, iba a conectar con la testa de De Tomás, en una combinación que acabaría con la pelota en el fondo de las mallas. Gol para los blancos, en un premio excesivo visto lo ofrecido sobre el terreno de juego.

Pero este equipo tiene espíritu, tiene alma, y el tanto recibido no redujo su impulso en ningún caso. El equipo mantuvo su nivel de presión alta, de achique de espacios y de salida rápida con balón a la carrera de extremos. Apenas cinco minutos después de encajar el cero a uno, un gran robo en medio campo llegaba a pies de Txomin Nagore que abría para la llegada por banda diestra de Iriome, para que éste, con un preciso envío, encontrase a De Cerio quien convertiría la jugada en el gol del empate. Media volea y remate que se colaba cerca de la cepa de un esforzado Pacheco. El gol iba a dar alas al Mirandés que, de nuevo, se hacía con la iniciativa en el juego, apropiándose de la posesión, y buscando la ventaja con una posición más arriesgada en lo táctico, apostando por la acumulación de efectivos en entradas interiores.

El paso de los minutos igualaba de nuevo la revolucionada contienda, y Carlos Terrazas daba entrada a Garmendia en lugar de Mújika, para la búsqueda de mejora en la circulación y salida de balón desde campo propio. El Castilla también buscaba un cambio en el dibujo, y Díaz Fernández daría entrada sucesivamente a William, Sobrino y Burgui, para cargar de potencial el ataque visitante, y cortar así el despliegue rival, que tanto daño estaba ocasionando a su retaguardia. El nuevo rostro del filial blanco traería efectos inmediatos en la dinámica de partido, acercando las mejores ocasiones al bando madridista, sobre todo en centros diagonales y disparos desde media distancia, como el de un insistente Aguza que, otra vez más, se encontraba con las manos de Pancho Prieto.

El partido entraba entonces en un carrusel de ocasiones para ambos equipos. Garmendia, con un disparo ajustado, y William, con un remate tras córner que salvaba con reflejos Prieto, acercaban el gol a ambas porterías. Con la entrada de Igor en lugar de Iriome a falta de diez minutos para la conclusión, el CD Mirandés echaba el resto por la victoria. Minutos de ataques consecutivos, y buenas acciones de repliegue tras pérdida, aseguraban un final de infarto.

Con las espadas en todo lo alto, sería Pablo Infante quien, una vez más, decidiría el destino del choque. Falta directa ejecutada desde la frontal del área, y lanzamiento perfecto del 14 rojillo a la escuadra para conseguir el que, a la postre, sería gol de la victoria. Tanto de bella factura que venía a premiar el trabajo de todo el equipo, en una ventaja trabajada sobre esfuerzo y calidad. Un marcador que aún podría haber aumentado si el último disparo del partido, obra de De Cerio, vira unos centímetros sobre su trayectoria para evitar el poste que finalmente acabó por repelerlo.

Gran victoria, un triunfo en comunión con un Anduva mágico que despedía a sus jugadores entre cánticos, y una grada que volvía a ser parte imprescindible en la consecución de tres puntos de oro para escapar de posiciones de peligro.