Un C.D. Mirandés con diez desde el minuto 15 no consigue culminar la difícil remontada que inició Néstor Salinas.
C.D. Mirandés 1-2 C.A. Osasuna
Llegaba la competición copera a Miranda de Ebro. Unos por nostalgia, otros por el fútbol de entresemana y todos por lo bonito que tiene esta competición en estas eliminatorias a partido único; se respiraba fútbol en Anduva. El rival: Osasuna por tercera vez en menos de un mes.
Arrancó el partido intenso -como todos- con una afición entregada desde el minuto uno de juego y unos jugadores que no podían ser menos en su desgaste sobre el césped. Cierto es que Carlos Terrazas introdujo algunas variaciones con respecto al último once visto en la jornada liguera, pero la actitud de pelea y lucha innegociable de sus pupilos era la misma que siempre ha caracterizado a los equipos del vizcaíno. Era mejor el C.D. Mirandés, en juego y en ocasiones: Néstor era el primero en disparar tras un precioso recorte de tacón de Sangalli por banda derecha; después Abdón, con un libre directo raso que se marchaba rozando el poste derecho de Mario; y por último Eguaras que sí estuvo muy cerca de hacer el primero para los rojillos de cabeza. Sin embargo, ese jarro de agua fría que se repite injustamente en los arranques de esta temporada del C.D. Mirandés iba a aparecer en forma de expulsión por roja directa a Provencio y una falta peligrosísima en la frontal que acabaría con la conversión en pies de Olavide que inauguraba el electrónico para los suyos. Lastrados por tener un hombre menos sobre el terreno de juego, el partido se volvía duro con el paso de los minutos, con muchas faltas en el centro del campo y un sobreesfuerzo de los de Miranda de Ebro por llegar a tapar todos los huecos jugando con diez. Sin embargo, el intento se quedaba en eso con la llegada del segundo gol, otra vez desde fuera del área en un disparo desde lejísimos de Michael Mesa que lo puso muy complicado para la estirada de Raúl. Cuesta arriba se les ponía el encuentro a los locales que tirarían de garra tras el paso por vestuarios.
Ni con uno menos se iban a conformar con el resultado adverso. Tanto Carlos Terrazas como sus jugadores lo habían dejado claro a lo largo de la semana: querían hacer algo importante en la Copa. Y si tenían que morir hoy, lo iban a hacer con la cabeza alta. La actitud intachable de los rojillos iba a encontrar pronto su premio, como suele ser habitual, al que persigue e insiste pese a lo complicado de la situación. Así pues, Eric García, el debutante y canterano hoy en banda izquierda, iba a poner un centro medido de zurda a la cabeza de un Néstor Salinas libre de par que marcaba perfecto el salto y el giro de cuello para endosar el primero en la meta de Mario en el minuto 51. Comenzaba la remontada. A partir de aquí, y como también nos suelen tener acostumbrados, el equipo fue a más. Fueron los mejores minutos de los jugadores con una afición que no cesaba de animar y cantar a los suyos, quienes desde dentro se dejaban la piel por encontrar recompensa al esfuerzo. Tendrían las suyas, pero de nuevo la mala fortuna le jugaría una mala pasada al C.D. Mirandés cuando el C.A. Osasuna parecía pedir la hora aun jugando con uno más. Álex García –en la más clara del partido posiblemente-, Carnicer desde lejos y Lago Junior. Todos ellos pudieron hacer efectivo el miedo que reflejaban las piernas de los jugadores pamplonicas, pero no fue así.
Al final, el inevitable arranque con diez jugadores de los rojillos pesó más y esos dos goles de la primera mitad se impusieron a las ganas, insistencia y coraje de unos jugadores que abandonaron el campo decepcionados y exhaustos tras el evidente esfuerzo.