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PRIMER EQUIPO
Con maestría en el Sánchez Pizjuán

La crueldad del segundo gol en el descuento no empaña la gran imagen del equipo ante el Sevilla F.C. Queda Anduva...

Día grande en Sevilla. Día para soñar en el Sánchez Pizjuán. Día para creer en el C.D. Mirandés. Efectivamente, el único equipo de Liga Adelante que alcanzaba también los cuartos de final la pasada semana –y de qué manera- le ponían las cosas aún más difíciles; esta vez tocaba el Sevilla F.C. ¿Miedo? Ni mucho menos.

El partido arrancaba de tú a tú. El entrenador, Carlos Terrazas, no iba a renunciar a su idea de tres centrales que llevaba desarrollando con éxito durante todo lo que avanza ya de temporada. Así se ha plantado en los cuartos y así iba a seguir. El paso de los minutos le iba a dar la razón. Los mirandeses se sentían cómodos sobre el tapete de un Sánchez Pizjuán que no había venido a especular. Los de Unai Emery salían mordiendo de inicio para finiquitar la eliminatoria en casa, por lo que pudiese deparar Anduva. Sin embargo, por juego no demostraban ser superiores a los de Terrazas. El choque se planteaba parejo, más allá de las individualidades que aparecían espontáneamente en forma de cabalgada, por ejemplo, de José Antonio Reyes partiendo líneas y percutiendo con velocidad por dentro para acabar sirviendo a banda. Los visitantes, también creaban peligro en el área defendida hoy por David Soria por medio de un Fran Carnicer especialmente inspirado y con magia en sus botas, que dejaba en cuadro a cuatro rivales sevillistas y acababa disparando alto.

No iban a tener suerte tampoco hoy los burgaleses, que se encontraban con una jugada de mala fortuna, de carambola, de no saber dónde acabará cayendo ese balón loco en el área que N’Zonzi recogía en posición dudosa -aunque pudo estar en línea con la pierna de Galán- para empujar el 1-0 sin oposición. Era el minuto 18, pero los rojillos no se iban a arrugar. No habían venido al Sánchez Pizjuán a eso, y lo demostraban recogiendo el testigo con la ambición de levantar el resultado. A punto estaba Sangalli de igualar la contienda, de nuevo a pase de Carnicer que apuraba línea de fondo entre dribbling y dribbling para acabar sirviendo al guipuzcoano que llegaba al primer palo para encontrarse con el poste. Tampoco la fortuna iba a aliarse con los rojillos en esta ocasión. La última de la primera mitad caería en las botas de un Gameiro que no estuvo acertado, en gran parte por culpa de Raúl, que salió perfecto para tapar todos los espacios y evitar el segundo en contra de los suyos.

Tocaba lo más difícil: remontar el electrónico. Pero esa fue la máxima en el vestuario y así la ofrecieron los jugadores sobre el verde. Cierto es que los sevillistas salieron en manada en busca del segundo, especialmente un Reyes especialmente acertado y motivado en cada balón que recogía pegadito a la cal, intentado el uno contra uno con verticalidad. Su rival, el C.D. Mirandés tampoco renunciaba a sus oportunidades y los dos equipos sacaban a relucir su arsenal ofensivo siempre en busca de la verticalidad. Los mirandeses jugaban el cuero con criterio: balones cortos en combinación para llevarlo de banda a banda y diagonales profundas cuando de buscar a Álex García o Sangalli se trataba, haciendo trabajar las alas sevillistas. La réplica local, de nuevo de la mano de Reyes, o mejor dicho de su bota izquierda. Esa que sacó un disparo escorado casi sin ángulo que Raúl despejaba a córner. Pasaban los minutos y los visitantes se venían arriba. Querían más que los de Unai Emery, que les costaba cada vez más recular y pensaba antes en el ataque que en la defensa. Los de Terrazas arriesgaban, pero lo hacían conscientes de estar demostrando que podían hacer la igualada. Sin embargo, lo que costaba era llegar con el balón jugado hasta la última línea, la zona del 9 hoy ocupada por un Abdón Prats que se pegaba con toda la defensa para intentar bajar los balones. Y, como suele ser habitual, la diferencia de pegada apareció en el conjunto de Primera Divisón. Raúl, por su parte, demostraría ser también un portero de primera. Y es que se convirtió en el muro infranqueable para los suyos. Ni Gameiro en velocidad: salía a tapar perfecto el hueco; ni Reyes a bocajarro: tiraba de reflejos con mano estirada abajo; ni de nuevo el punta francés en dos nuevas llegadas en las que el balón siempre acababa dominado por el guardameta. Entretanto Carlos Moreno probaba con intención desde fuera del área, pero su trallazao se encontraba con David Soria que acertaba a atajar en dos tiempos.

Se llegaba al minuto 90 con tres de añadido y la mala fortuna, la crueldad del fútbol o como quiera llamarse a lo que acontenció en este tiempo extra, se cebaba con la ilusión rojilla. Vitolo hacía el segundo para los suyos en prácticamente la última del encuentro. La cara de decepción de los de Carlos Terrazas contrastaba con la imagen que habían ofrecido al otro lado de la Península, en un Estadio Ramón Sánchez Pizjuán que -afortunados ellos- pudieron ver la entrega de un C.D. Mirandés GIGANTE.